Importante
Diagnóstico del Campo Colombiano

El campo colombiano ha estado marcado por una desigualdad histórica que aún persiste. Las brechas entre el campo y la ciudad siguen siendo profundas: mientras en las zonas urbanas la pobreza es menor, en las áreas rurales más de una cuarta parte de la población vive en pobreza, sin acceso pleno a condiciones dignas de vida. Esta situación refleja una exclusión estructural que afecta a millones de campesinos y campesinas, a pesar de que el campo produce una parte esencial de los alimentos del país.
Las afectaciones son mayores para las mujeres rurales, las comunidades indígenas y afrodescendientes, y los jóvenes del campo, quienes enfrentan mayores obstáculos para acceder a tierra, educación, salud, crédito y participación política. En muchos municipios rurales, la pobreza es más de tres veces mayor que en las ciudades.
Uno de los principales problemas del agro colombiano es la concentración y la informalidad en la tenencia de la tierra. La falta de títulos limita el acceso al crédito, desestimula la inversión y mantiene a las familias campesinas en condiciones de inseguridad jurídica, lo que ha sido un factor clave en la pobreza rural y en el conflicto armado.
A esto se suma la inseguridad alimentaria, que afecta a una proporción significativa de los hogares rurales, especialmente en territorios históricamente golpeados por el conflicto y el abandono estatal. La desnutrición infantil sigue siendo un problema grave en zonas rurales y étnicas, evidenciando que el hambre no es un problema individual, sino el resultado de condiciones estructurales como la pobreza, la desigualdad y la debilidad de las economías campesinas.
Finalmente, el campo enfrenta profundas carencias en infraestructura básica: acceso limitado a agua potable, vías terciarias en mal estado, servicios de salud insuficientes y baja conectividad digital. Estas brechas frenan el desarrollo humano, productivo y ambiental de los territorios rurales.
Juntos haremos el cambio.
Por eso.....
Mi misión es clara
Defenderé la seguridad y soberanía alimentaria como un asunto estratégico de país, priorizando la producción nacional de alimentos, la protección de semillas nativas y criollas, y las compras públicas locales para programas como el PAE. Asimismo, promoveré el acceso al agua como derecho fundamental y la protección de páramos, bosques y cuencas.
Mi compromiso es legislar con enfoque étnico e intercultural, respetando la autonomía de los pueblos campesinos y aborigenes, garantizando la consulta previa efectiva y fortaleciendo sus economías propias. La paz se construye desde los territorios, con tierra, ingresos, derechos y participación real.
No concibo la política sin ética. Rechazo el clientelismo y la corrupción, y asumo el compromiso de rendir cuentas de manera permanente. Legislaré desde el campo y con las comunidades, porque sin campo no hay país, y sin justicia territorial no hay democracia posible.